La libertad de expresión incluye la libertad de decisión, y en ese sentido el mundo abre las posibilidades a otros esquemasâ€Ã‚¦

Cada vez resulta más frecuente encontrar parejas que deciden no tener hijos. La libertad de expresión incluye la libertad de decisión y en ese sentido el mundo también abre las posibilidades a otros esquemas.

El fenómeno no es nuevo y, sin embargo, causa impacto en numerosos sectores de la sociedad. Tanto los hombres como las mujeres sienten que tienen muchas cosas que explorar y conocer antes de establecer algún vínculo que los comprometa, y es por eso por lo que hoy se privilegian los viajes, los posgrados y los estudios en general, antes del matrimonio o la familia.

pareja01.jpgEn este sentido, establecer compromisos duraderos entorpece los planes que se han fijado en forma individual, en donde no es necesario rendirle cuentas a nadie. Antes los jóvenes se iban de la casa de los padres cuando se casaban, en especial en el caso de las mujeres. Hoy, en cambio, es frecuente que se vayan una vez que tienen un sustento económico que se los permite. Las altas tasas de seis o siete hijos sólo se dan en África y en partes del mundo islámico. El sacrificio de la maternidad a cambio de la productividad es una de las renuncias de la mujer occidental. Esa es una mirada convencional al fenómeno, que a muchos dejaría satisfechos. En opinión de la psiquiatra Lucrecia Ramírez, lo que vive el mundo occidental es una redefinición de la identidad de la mujer. Una situación que la obliga a repensar su papel histórico de mujer-madre. Han sido cinco mil siglos bajo el mismo concepto, que se refuerza de manera generalizada en las culturas con los íconos femeninos, especialmente los religiosos, que ensalzan la maternidad, un concepto que, en el fondo, significa entregarse a otro sin condiciones por el resto de la vida. A partir de ese papel asumido, que la constituía como persona, se desencadenaba una serie de actividades, trabajos y ocupaciones que llenaban su vida, hasta el punto de no volver a pensar en sí misma. Era un rol absolutista

La transformación

El paso del tiempo, sumado a conquistas tan grandes como su incursión en el mundopareja02.jpg académico y laboral, abrió caminos de autonomía para la mujer, que dieron paso a una transformación de su papel en la sociedad. Durante años ser mujer fue sinónimo de ser maternal, casera, pasiva, casta y bella. Esos eran los cinco pilares que sustentaban la feminidad y que, de acuerdo con la psiquiatra Lucrecia Ramírez, están siendo revaluados. Quizá el primer concepto que se cuestionó fue el de la maternidad cuando a finales de los años cincuenta un adelanto científico como la píldora anticonceptiva, le permitió decidir cuántos hijos tener y en qué momento de su vida. Cuando la mujer fue consciente de esta situación, empezó a pensar más en sí misma y a responsabilizarse de otras dimensiones de su existencia. Sin embargo, los asomos de independencia no tardan en recibir censura, con uno u otro argumento. Envejecimiento de la población y escasez de niños en los llamados países desarrollados, razones religiosas, políticas o económicas, pero en ningún momento la censura pregunta qué piensa la mujer.

En esta línea de acontecimientos es apenas normal que las mujeres de algunos países europeos como Francia, hayan retomado el concepto exclusivo de la mujer-madre de tres o más hijos, y que con toda la vehemencia del caso el periódico New York Times, en una edición de enero pasado, calificara al fenómeno de las personas que optan por no tener hijos como empty heart, que traduce "corazones vacíos". Como si no tener hijos fuera síntoma de una enfermedad o un comportamiento sospechoso.

La esperanza para el género femenino, a pesar de ese aparente retroceso en Europa y la presión en Estados Unidos, es que las mujeres no sucumban a la resignación después de haber probado las mieles de la autonomía, del mundo laboral y de tener relaciones equitativas con su pareja. Tener hijos es una elección tan respetable como no tenerlos.

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